Cuando los arquitectos de nuestra democracia redactaron las magnificentes palabras de la Constitución de 1978, estaban firmando un pagaré del que todo español iba a ser heredero.
Este pagaré, compañeros, era una promesa de que a todos los españoles –sí, ya fueran castellanos, vascos, catalanes, andaluces, valencianos o de cualquier región de España- se les garantizaban los derechos inalienables a la libertad, a la igualdad, a la justicia, viviera en cualquier rincón de nuestro país.
Hoy es obvio que nuestro Estado ha defraudado en este pagaré en lo que se refiere a los valores de justicia, igualdad o libertad, si me permitís decirlo. Y muchos ciudadanos en nuestro país se sienten hoy vilipendiados.
jueves, 18 de marzo de 2010
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